Ruta_165 El convento del desierto de Calanda. (Teruel).

A unos ocho kilómetros al SE de la villa de Calanda (Teruel), en un solitario y escabroso paraje,  se encuentran las enormes ruinas de un antiguo Convento de Carmelitas Descalzos de finales del siglo XVII que fue abandonado definitivamente en 1835. El convento, llamado “del Desierto” por su emplazamiento en una zona tradicionalmente deshabitada, constituye una de las construcciones conventuales más importantes del Bajo Aragón y, precisamente por su carácter aislado y difícil acceso, la que mejor conserva todavía su estructuración original.

Información cortesía Epifanio Alcañiz.

En este lugar detecto un vórtice de 19500 UB, estará en la iglesia sin duda.

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El Desierto de Calanda

Desde al menos el siglo XVII se conoce como “Desierto de Calanda” una gran extensión de terreno agreste y mal comunicado que se sitúa entre las localidades bajoaragonesas de Calanda, Torrevelilla y La Ginebrosa. Este lugar recóndito y aislado fue elegido por la orden de los Carmelitas Descalzos de la provincia de Santa Teresa (que incluía los reinos de Aragón y Valencia) para fundar en 1680 un gran convento en el que los frailes carmelitanos pudieran gozar de un ambiente de paz y retiro espiritual.

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A la venta el convento del Desierto de Calanda.

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Video del Convento-Monasterio del desierto de Calanda.

El Convento-Monasterio del Desierto de Calanda fue un lugar de retiro, meditación y tranquilidad…hasta que llegaron los conflictos armados y humanos. Hoy el Convento-Monasterio de los Carmelitas descalzos, en Calanda, sigue afianzando su pálpito más elemental y pacífico.
A pesar de su abandono, todavía conserva su estructura original. Es una obra suntuosa de cuatro plantas. Iglesia de una sola nave, planta rectangular y 8 altares. El Convento del Desierto es apodado como el “Escorial aragónés” por sus grandes dimensiones.
Bajo la advocación de San Elias, el Convento fue fundado en 1682 y reconstruido en 1708, a causa de un incendio durante una batalla de la guerra de Sucesión.
También fue saqueado por las tropas Napoleónicas.
En 1835, a raiz de la desamortización de Mendizabal, quedó deshabitado.
Desde el exterior, cuando lo miras, se muestra ante la mirada como un lugar reservado y frio, por el paso de los años, pero estoy seguro que si alguien nos podría mirar desde su interior, no nos vería así, seguramente que lo haría con ojos calidos, mirándonos e invitándonos a que ayudáramos a restaurar.

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